Cinco mil operaciones de cirugía báriátrica cada año en España

29 de Abril, 2008

Barcelona acoge el X Congreso Nacional Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad, donde se destaca que la cirugía es la única solución curativa para la obesidad mórbida.

Alrededor de 5.000 personas con obesidad mórbida se someten a intervenciones de cirugía bariátrica en España cada año, según apuntó el presidente de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO), el Dr. Antonio Torres, en el marco del X Congreso Nacional de la sociedad, que se celebra en Barcelona del 23 al 25 de abril.
El Dr. Torres apuntó que “en torno al 10% de la población española presenta obesidad y uno de cada cuatro de estos pacientes acabará desarrollando obesidad mórbida”. “La cirugía es la única solución curativa para este tipo de pacientes”, añadió.
Por su parte, el Dr. Carles Masdevall, coordinador de la Unidad de Cirugía Bariátrica del Hospital Bellvitge de Barcelona, señaló que la tendencia de las tasas de obesidad y de los casos más severos es al alza. “La obesidad mórbida cada vez se detecta en pacientes más jóvenes”, apuntó.
Según explicaron los expertos, las edades se están ampliando como consecuencia de los excelentes resultados obtenidos en este tipo de enfermos. “Durante años hemos operado pacientes entre los 18 y los 60 años. Sin embargo, en la actualidad se intervienen a pacientes de 14 años y hasta de 70″, explicó el Dr. Masdevall.
En cuanto a los avances en cirugía bariátrica, los especialistas destacaron que es necesario realizar una selección adecuada del tipo de intervención en función de las características de los pacientes. El Índice de Masa Corporal (IMC), la edad, las condiciones anatómicas y las comorbilidades asociadas, como artrosis severa y diabetes, determinan la elección de la técnica.
Tipos de cirugía para la obesidad
Existen tres tipos de intervenciones, entre las que se encuentra la cirugía restrictiva, una intervención que supone el 20% de las operaciones. Consiste en reducir el tamaño del estómago mediante una banda gástrica o una gastroplastia tubular, según explicó el Dr. Pujol.
Otro tipo de intervención es la cirugía malabsortiva, que hace que la comida llegue más rápido al intestino distal, lo que consigue una malabsorción de los alimentos. Supone entre un 5 y un 10% de las intervenciones de cirugía bariátrica, y están indicadas en pacientes con un IMC superior a 50 y con más de 50 años de edad o en aquellos en los que han fracasado las otras técnicas.
En cuanto a la cirugía mixta, el Dr. Pujol afirmó que “supone otro 70% de las operaciones que se realizan, y consiste en la combinación de las dos anteriores mediante un bypass gástrico”.
Según señalaron los expertos, actualmente existen varias técnicas en investigación, como la cirugía metabólica.

Fuente/s:
JANO.es

Modificar el estilo de vida, piedra angular en el tratamiento de la obesidad infantil

29 de Abril, 2008

Las modificaciones positivas en el estilo de vida, incluida la alimentación y el ejercicio, son la piedra angular del tratamiento de la obesidad infantil.

Pero si esta terapia de primera línea falla, se contempla el uso de fármacos e incluso la cirugía bariátrica, según Diego Yeste, de Endocrinología Pediátrica del Hospital Valle de Hebrón, de Barcelona, que ha participado en el XXX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica que ha concluido este fin de semana en Madrid.
La adecuación de la dieta, incorporando pautas de la nutrición mediterránea, y el refuerzo indispensable de métodos cognitivo-conductuales y afectivos, ha conseguido pérdidas saludables y efectivas a niños de entre 6 y 13 años que presentaban sobrepeso u obesidad severa, según un estudio de intervención realizado por el equipo de Yeste.
Se analizó a 95 niños que a través de estas medidas lograron una reducción del 1,3 por ciento de su IMC y de un 30 por ciento de media en el porcentaje de grasa corporal, sin perder el área muscular del brazo.
Sin embargo, cuando los niños no consiguen disminuir el IMC con estas medidas y presentan resistencia a la insulina comienza a plantearse la posibilidad de recurrir a la farmacología, “aunque no hay acuerdo sobre cuál es el momento óptimo para iniciar la medicación”.

Arsenal medicamentoso
Sobre el arsenal terapéutico ha recordado que para edad pediátrica, a partir de 12 años, sólo están aprobados el orlistat y la metformina con resultados moderados. Orlistat tiene una efectividad media en reducción del peso: 3 kilos al año, pero con un buen papel en caso de intolerancia a la glucosa y esteatosis. Metformina ofrece escasa eficacia en pérdida corporal (un 2 por ciento en el IMC), aunque parece muy útil en obesidad con hiperinsulinemia”, según los datos de diferentes estudios.
El abordaje quirúrgico es también otra de las posibilidad que se empieza a plantear en casos graves, sobre todo ante ausencia de pérdida de peso tras seis meses de tratamiento realizado por un equipo multidisciplinar, cuando se ha completado la etapa prepuberal y cuando existe un IMC mayor de 40 (lo que puede suponer hasta 120 kilos) o si asocia grandes morbilidades. No obstante, en el terreno de la cirugía bariátrica, según Yeste, existe una muy escasa experiencia, procedente fundamentalmente de Estados Unidos.
Del análisis de los distintos abordajes se sugiere que el balón intragástrico ofrece poco riesgo quirúrgico y puede ayudar a modificar los hábitos, junto al soporte psico-social, mientras se mantiene el dispositivo.

Fuente/s:
Diario Médico

Los bebés de las mujeres obesas tienen más grasa y menos músculo

29 de Abril, 2008

Los bebés de madres con sobrepeso u obesidad tienen más grasa y menos músculo que los hijos de mujeres con peso normal, indicó uno de los primeros estudios en comparar la composición corporal de los recién nacidos con el índice de masa corporal (IMC) materno antes del embarazo.

La obesidad está aumentando entre las embarazadas, mientras que cada vez más bebés en Estados Unidos y Europa nacen con 4.000 gramos o más, señaló el equipo dirigido por el doctor David A. Fields, del Centro de Ciencias de la Salud de la University of Oklahoma, en American Journal of Obstetrics & Gynecology.
Estos bebés inusualmente grandes son más propensos a ser obesos más adelante en sus vidas.
Sin embargo, el peso corporal no sólo aporta una imagen clara del crecimiento y la salud infantil, agregaron los autores; tanto el bajo o alto peso al nacer están asociados con un mayor riesgo de diabetes y otras enfermedades en la edad adulta.
Para comprender mejor cómo el crecimiento prenatal influye en la salud futura, el equipo utilizó el PEA POD, un “sistema de composición corporal” fabricado por Concord, de Life Measurement Instruments, con sede en California, para medir el porcentaje de grasa corporal, masa corporal magra y masa grasa total en 72 bebés con menos de 35 días de vida.
No se registró una diferencia del peso al nacer promedio entre los bebés de madres con IMC normal y los hijos de mujeres con sobrepeso u obesidad.
No obstante, al comparar la composición de todos los bebés, el equipo halló que los hijos de las 39 mujeres con sobrepeso u obesas tenían un porcentaje de grasa corporal significativamente mayor (un 13,6 frente a un 12,5 por ciento), que los de las 33 mujeres con peso normal.
Asimismo, hubo diferencias en la masa grasa (448,3 frente a 414,1 gramos) y la masa magra (3162,2 frente a 3310,5 gramos), respectivamente.
Fields comentó también que los bebés de mujeres obesas tendrían más riesgo de diabetes porque poseen menos masa muscular. “Esto explicaría por qué esos niños, quizás la mayoría, desarrollan diabetes, dado que los músculos son los grandes consumidores de azúcar”, añadió.
Medir la composición corporal de los bebés al nacer proporcionaría una mejor imagen de su salud que el control del peso únicamente, agregó Fields, pero luego la pregunta es qué hacer cuando un bebé tiene un alto porcentaje de grasa corporal.
Una posibilidad, para Fields, sería alentar la lactancia materna. Un estudio previo del mismo autor demostró que los bebés alimentados con fórmula suelen tener más sobrepeso.

Fuente/s:
MedlinePlus

Explicación de la obesidad desde el modelo cognitivo-conductual

28 de Marzo, 2008

En el modelo cognitivo-conductual, se considera que la conducta no adaptativa es una consecuencia de nuestra interpretación de la realidad. Y por lo tanto, hay que eliminar y reestructurar creencias y pensamientos irracionales o negativos que nos alejan de nuestras metas y objetivos.

Desde este modelo, se describen una serie de factores implicados en la obesidad. Explicaremos brevemente aquellos factores que anteceden el comer en exceso y aquellas variables de la persona que desencadenan y mantienen la obesidad.

1. ESTÍMULOS ANTECEDENTES A LA CONDUCTA DE INGESTA EXCESIVA

El modelo cognitivo-conductual presta especial atención a los estímulos que anteceden a la conducta de comer en exceso. Serían diferentes en cada persona. Por ejemplo:

• Ver comida.

• Haber llevado una dieta excesivamente restrictiva.

• Pasar muchas horas sin ingerir alimentos.

• Estímulos previamente asociados con la ingesta; por ejemplo, determinada panadería.

• Ver alimentos prohibidos.

• Situaciones que provocan ansiedad o determinadas emociones no directamente relacionadas a la ingesta (como el aburrimiento, la tristeza, la ansiedad, etc.).

Desde esta perspectiva, resulta de gran utilidad realizar un análisis personalizado para cada caso y aplicar técnicas de control estimular. Algunos ejemplos son: no almacenar comida en casa, realizar cinco comidas diarias, evitar los estímulos que anteceden a la ingesta excesiva, realizar la compra después de haber comido y llevando poco dinero encima, etc.

2. VARIABLES DE LA PERSONA

Existen diferentes variables de la persona que pueden estar implicadas en la obesidad. Algunas de ellas son factores de vulnerabilidad personal, como por ejemplo la baja autoestima, determinados estados ansioso-depresivos que son afrontados comiendo, las expectativas respecto al tratamiento y, finalmente, algunas creencias irracionales podrían funcionar como factores desencadenantes y/o de mantenimiento en el caso de la obesidad. Veremos, a continuación, más detenidamente, cada uno de ellos:

Factores de vulnerabilidad personal

Una baja autoestima puede ayudar a que la preocupación por el peso y la figura sea excesiva. De esta manera, es más fácil caer en un comportamiento alimentario caótico, con la consiguiente percepción de falta de control y malestar psicológico, que aumentará la autoevaluación negativa, perpetuando así un circulo vicioso entre baja autoestima y obesidad.

La tendencia al pensamiento dicotómico (todo es blanco o negro, horrible o maravilloso) y un perfeccionismo excesivo, pueden estar implicados en secuencias de descontrol, por ejemplo ante situaciones de saltarse la dieta (p.ej: total, ya que me la salto, me la salto del todo).

Otros factores como la tendencia al locus de control externo (pensar que yo no tengo el control de lo que me sucede y que no puedo hacer nada para controlar mi obesidad) y bajas expectativas de autoeficacia (me creo incapaz de hacer nada efectivo por cambiar esta situación), podrían determinar expectativas negativas de cara al tratamiento (total, si voy a fracasar de nuevo…).

Expectativas en relación al tratamiento

Es importante explorar las expectativas de cada paciente de cara al tratamiento. Las experiencias previas de la persona podrían jugar un papel importante a este respecto. Las expectativas negativas, o por el contrario, esperar bajadas rápidas de peso, podrían ser un obstáculo. Es importante, también conocer las motivaciones que llevan al paciente al tratamiento. Motivaciones a corto plazo, como, por ejemplo, adelgazar de cara a un evento social próximo, podrían hacernos pensar en mejorías poco duraderas.

Frente a las expectativas anteriores, debería orientarse el tratamiento hacia cambios de peso graduales que puedan mantenerse. Además debe informarse a los pacientes de que pérdidas de peso pequeñas producen cambios importantes en indicadores de salud como presión arterial, colesterol, etc.

Estados ansioso-depresivos

¿Por qué la gente come cuando está ansiosa, triste o aburrida? La respuesta no es sencilla, pero la realidad es que en otros momentos está conducta les ha servido para calmarse. Por lo tanto, podría tratarse de una forma de refuerzo (premiarse a sí mismo) y de que esta conducta se convierta en la norma para la persona (a esto se le llama generalización).

La ansiedad puede venir de situaciones relacionadas con la alimentación, como tener hambre o ver alimentos prohibidos, o de otras situaciones no relacionadas, como conflictos con otras personas.

La respuesta de ansiedad, tiene tres componentes y el abordaje será diferente para cada uno de ellos:

• Frente a los síntomas físicos, como aumento de la tasa cardiaca, tensión muscular, ahogo, mareos… pueden ser útiles técnicas de relajación.

• Para tratar el componente cognitivo y emocional, referente a pensamientos e ideas negativas asociadas y sentimientos de malestar y angustia, se emplean habitualmente técnicas de reestructuración cognitiva.

• Finalmente, el componente conductual, observable a partir de conductas de evitación, de no afrontamiento, como podría ser por ejemplo, comer en lugar de afrontar activamente determinado problema, se buscarán conductas alternativas de afrontamiento.

Otro aspecto importante de la ansiedad es la relación existente entre su curso y su intensidad, en forma de U invertida. Por ello, es importante que los pacientes aprendan a demorar la gratificación, para que experimenten como la ansiedad pasa. Cuando la persona está ansiosa y escapa comiendo, no puede experimentar que la ansiedad pasa (aunque sea desagradable). Frente a otros estados como tristeza o aburrimiento que propician la inactividad, entrando así en un circulo entre tristeza e inactividad que se autoperpetúa, debemos hacer hincapié en la importancia de la actividad física para romperlo, por sus beneficios psicológicos y físicos a largo plazo.

Nos podemos ayudar también aquí de autorregistros y de la introducción de actividades gratificantes en la vida diaria de la persona.

Para hacer frente a estos estados pasajeros nos ayudaremos de técnicas de control del estrés, del aprendizaje de estrategias de afrontamiento adaptativas, de solución de problemas, de entrenamiento en habilidades sociales y asertividad, y de realización de conductas alternativas o distractoras.

Pensamientos irracionales y/o negativos que interfieren con el tratamiento

Muchos de estos pensamientos son lo que llamamos pensamientos de todo-nada. Las consecuencias de estos pensamientos son la ansiedad, la sensación de “no poder soportarlo”, de sentirse condenado. Como estos pensamientos son automáticos y no conscientes, un autorregistro puede ayudarnos a identificarlos.

Algunos de estos pensamientos pueden relacionarse con baja autoestima (por ejemplo, “no lo voy a conseguir”), o con el perfeccionismo excesivo (“si no es perfecto, que no sea”). Otros pueden estar relacionados con creencias más generales como: “es necesario estar delgado para ser feliz y tener éxito en la vida”, o “la valía personal sólo se pone de manifiesto a través del peso y la figura”.

Frente a estos pensamientos y creencias irracionales se usan técnicas de reestructuración cognitiva usando como pensamientos alternativos el reconocimiento de la propia valía centrándose en otros valores diferentes al peso y la figura, el rechazo de la presión social arbitraria, la aceptación de la naturaleza biológica del peso y la explicación de la obesidad desde teorías más racionales y menos incapacitantes para la persona.

La Unión Europea propone incluir en la etiqueta de los alimentos el nivel de azúcar, sal y grasa

6 de Marzo, 2008

Bruselas.
La Comisión Europea propone una nueva norma que obligará a la industria alimentaria a detallar en las etiquetas de los alimentos y bebidas su contenido de azúcar, sal y grasas. Estos datos deberán aparecer en la parte frontal del envase y en un tamaño de letra legible. El objetivo de la iniciativa es dar a conocer a los consumidores una mayor información que les permita optar por una dieta saludable y contribuir así a la lucha contra la obesidad.
Fuente: Sociedad Española de Nutrición (S.E.N). Boletín informativo. Marzo 2008

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) pone en marcha una web para difundir la Estrategia NAOS

6 de Marzo, 2008

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha puesto en marcha la página web http://www.aesan.msc.es/aesa/web/AESA.jsp, dedicada a la promoción de la alimentación saludable y la actividad física a través de la Estrategia NAOS.

Este nuevo Portal consta de dos grandes áreas de contenido; la primera de ellas, “Estrategia NAOS”, incluye información de tipo técnico y científico, sobre la estrategia, sus objetivos y sus áreas relacionadas. La segunda, “Alimentación saludable y actividad física”, está dirigida a la población y en ella puede encontrarse información de carácter divulgativo acerca de todo aquello que tiene interés sobre la nutrición y al actividad física: consejos, recomendaciones, tests de autoevaluación, temas de actualidad, etc.
Está página web estará en permanente actualización pretendiendo acercar a los ciudadanos la Estrategia NAOS y sobre todo, ayudar a vivir una vida más sana mediante la alimentación y la actividad física.
Fuente: Sociedad Española de Nutrición (S.E.N). Boletín informativo. marzo 2008

La receta contra la obesidad infantil podría estar en la pantalla

5 de Marzo, 2008

Una experiencia estadounidense ha demostrado que limitar las horas que los niños pasan delante de la televisión y del ordenador permitiría reducir significativamente el índice de masa corporal de aquellos pequeños con problemas de obesidad.

El experimento se llevó a cabo durante dos años con 70 familias de Buffalo (en EEUU), que respondieron al llamamiento de un anuncio publicado en los periódicos por un grupo de investigadores de la universidad de esta misma localidad. Tal y como describen los autores en las páginas de la revista ‘Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine’, los niños participantes en el estudio tenían entre cuatro y siete años y se encontraban en el rango más alto de sobrepeso para su edad y sexo. Además, todos ellos pasaban una media de 14 horas semanales viendo la ‘tele’ o jugando en el ordenador.

Para la mitad de ellos, el equipo del doctor Leonard Epstein diseñó una intervención dirigida a limitar las horas que pasaban delante de las pantallas. Instalaron en sus hogares un dispositivo que sólo permitía activar el aparato (bien la tele o la computadora) mediante unos códigos y los niños debían aprender esta sencilla combinación de números para poner en marcha los dispositivos. Pero una vez superadas las horas máximas establecidas a la semana, el sistema ya no les permitía encenderlo más.

El resto de los miembros de la familia tenían su propio código, por lo que los niños se convertían en sus propios ‘controladores’ del tiempo y decidían cuándo quería conectarse o no. Este sistema, apunta un editorial publicado en la misma revista, permite reducir los posibles conflictos familiares y les ahorra a los padres tener que convertirse en el ‘policía de la tele’. “Usar la tecnología elimina la necesidad de vigilancia parental y de medidas disciplinarias en caso de que los niños se excedan con sus comportamientos sedentarios”, señala Epstein.

Los especialistas comenzaron por reducir un 10% sus horas semanales frente a la pantalla, y siguieron aumentando las restricciones hasta alcanzar el 50% con respecto al principio. Como incentivo, los niños que lograban ir cumpliendo metas recibían 25 centavos de dólar (16 céntimos de euro) y podían ir rellenando un tablón con pegatinas de colores que representaban sus logros.

Menos kilos, mismo ejercicio
El resto de los niños del ensayo, con los mismos problemas de sobrepeso y sedentarismo que sus compañeros, fueron asignados a un grupo de control, es decir, sin ninguna restricción de horas de televisión o videojuegos. En los dos grupos, y durante dos años, los científicos evaluaron cada seis meses su índice de masa corporal, el consumo de televisión, las horas dedicadas a la actividad física, así como la ingesta de calorías.
Al acabar el trabajo, los niños con el aparato limitador en su casa habían reducido una media de 17,5 horas semanales su consumo de televisión. En el otro grupo de niños, este hábito se redujo también aunque sólo 5,2 horas menos a la semana. También el índice de masa corporal y el consumo de calorías habían descendido en los niños que pasaban menos tiempo frente a la pantalla.
Los investigadores explican que la reducción de peso que experimentaron los niños del estudio no se debió a que hiciesen más ejercicio físico; sino, por el contrario, a que los pequeños que pasaban menos horas frente a la “caja tonta” consumían menos calorías.

“Está demostrado que ver la televisión se relaciona con el consumo de comida rápida y refrescos que aparecen en los anuncios”, explican estos especialistas. Por ejemplo, añaden, la aparición de algunos productos “incrustados” en los dibujos animados pueden promover su consumo entre los escolares, “que acaben relacionando el hábito de ver la “tele” con el hecho de comer”.
Fuente: El Mundo

Cereales integrales reducen la grasa abdominal y la inflamación

5 de Marzo, 2008

Disminuir la cantidad de calorías consumidas ayuda a adelgazar y hacerlo agregando más cereales integrales a la dieta beneficia también al corazón

En un estudio sobre adultos obesos en riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca, un equipo de investigadores halló que quienes reducían la cantidad de calorías consumidas e ingerían más cereales integrales perdían más grasa abdominal y bajaban los niveles de proteína C reactiva (PCR) en sangre.
La PCR es un marcador de inflamación crónica en los vasos sanguíneos y tanto el exceso de grasa abdominal como de PCR están vinculados con el infarto y el accidente cerebrovascular.

En cambio, los participantes que recibieron la dieta rica en cereales refinados, como el pan blanco, pudieron adelgazar, pero perdieron menos grasa abdominal y no mejoraron el nivel de PCR.
“Este es el primer ensayo clínico que demuestra que una dieta rica en cereales integrales reduce el peso y el riesgo de varias enfermedades crónicas”, declaró la doctora Penny Kris-Etherton, investigadora principal del estudio.
El equipo dirigido por Kris-Etherton, de la Pennsylvania State University, publicó los resultados en American Journal of Clinical Nutrition.

Los médicos suelen recomendar comer cereales integrales, como la avena, el arroz integral y la cebada, en lugar de cereales refinados, como el pan blanco y otros productos producidos con harina blanca.
Los alimentos con granos integrales conservan más cantidad de los nutrientes y la fibra de los cereales.
Esto explicaría por qué las personas que hacían dieta en el estudio obtuvieron beneficios adicionales con el consumo de cereales integrales.
Por ejemplo, los alimentos ricos en fibra habrían estabilizado los niveles de azúcar en sangre de los participantes y esto, a su vez, habría reducido sus niveles de la PCR.
También es factible que la PCR haya disminuido debido a los nutrientes antioxidantes que contienen los cereales integrales y que están ausentes en los refinados.

El estudio incluyó a 50 hombres y mujeres obesos con síndrome metabólico, que es un conjunto de factores de riesgo de diabetes, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular, que incluye la obesidad abdominal, la hipertensión y el azúcar en sangre elevado.
Todos los participantes ingirieron menos calorías durante 12 semanas, pero la mitad debió consumir más granos integrales y el resto, más cereales refinados.
El primer grupo debía comprar alimentos en cuyas etiquetas figurara “granos integrales” como primer ingrediente.

Al final, la reducción promedio del peso fue de entre 3,6 a 5 kilos en ambos grupos.
No obstante, el nivel promedio de la PCR bajó un 38 por ciento en el grupo que consumió cereales integrales, mientras que se mantuvo igual en el grupo que ingirió granos refinados.
Y mientras que ambos grupos sufrieron el mismo cambio en el tamaño de cintura, los que consumieron cereales integrales lograron la mayor reducción del porcentaje de grasa abdominal.

El equipo recomendó leer las etiquetas y elegir bien los productos reconocidos como fuentes de granos integrales.
Como norma general, dijo la experta, los consumidores deberían comprar productos integrales con, por lo menos, un 51 por ciento de cereal. Los productos que indican en el etiquetado que contienen granos integrales deben incluir por lo menos esa cantidad.
Fuente: Reuters Health

Alimentos light

4 de Marzo, 2008

El consumo de alimentos light supone una reducción en las calorías de la dieta sólo si te tiene en cuenta la cantidad consumida y la frecuencia con la que se come.

Según datos del Observatorio del Consumo y la Distribución Alimentaria, llevado a cabo por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación durante el año 2006, los alimentos light forman parte de los productos en los que menos confía el consumidor porque «no creen que no aporten calorías». Este dato parece, cuando menos, curioso dado que cada vez son más numerosos los productos que se comercializan con distintas denominaciones: light, ligero, aligerado, con menos grasa o sin azúcar, entre otros. Estos mensajes dan a entender que el producto es menos calórico y, por tanto, más saludable, y así es como lo percibe el consumidor.

Sin embargo, aunque los ciudadanos cada vez son más conscientes de que cuando eligen un producto que dice ser light no lo hacen porque el producto no tenga calorías, siguen siendo muchos los que creen que la mayoría de productos light tiene bastantes menos calorías.

Atendiendo a estas evidencias, la regla de oro para acostumbrase a comer más ligero es tener en cuenta que no es necesario ni conveniente consumir por costumbre productos light. Es importante ser selectivos a la hora de elegirlos, analizar la etiqueta y comparar los datos relativos al contenido energético, graso y azucarado, entre dos productos de la misma marca o de distinta marca, uno tradicional y su homólogo light. Para que el consumo de un alimento light se traduzca en una reducción sustancial de calorías de la dieta, es preciso tener en cuenta dos aspectos: cantidad que consumimos de dicho alimento y frecuencia con la que lo comemos.

Frecuencia de consumo
Para ello, es necesario analizar qué uso hacemos de productos como mermeladas, mantequillas, margarinas, galletas, mayonesas, helados o yogures, entre otros, y valorar si realmente merece la pena invertir en ellos.
Fuente: Consumer.es

El sobrepeso y los malos hábitos alimentarios pueden provocar que los hijos vivan menos que sus padres

29 de Febrero, 2008

Según los expertos participantes en el estudio ‘Alimentación, consumo y salud’, organizado por ‘La Fundación La Caixa’, el sobrepeso y los hábitos alimentarios inadecuados, que crean enfermedades degenerativas, pueden provocar que los hijos vivan menos años que los padres.

Javier Aranceta, médico especialista en medicina preventiva y salud pública, destacó que “la obesidad induce a enfermedades que acortan la vida, y que una persona entre 12 y 15 años que presenta obesidad, desarrolla factores de riesgo que apuntan a una muerte prematura”. A su vez, señaló que se trata de una alerta intelectual, que podría producirse si no se ponen medidas y que “el entorno escolar es el sitio clave para empezar, debiendo existir un consenso para formar un perfil alimentario”.

La coordinadora del estudio, Cecilia Díaz Méndez, manifestó que existen dos paradojas: por un lado, no hay una falta de alimentos, pero ha aumentado la preocupación por la alimentación y, por otro lado, “hoy tenemos más información que nunca, pero también existen más dudas acera de una alimentación adecuada”.
Los referentes tanto en los hábitos como en los aprendizajes culinarios son hoy las instituciones y los medios de comunicación. Méndez Díaz destacó que “existe una alarma social, ya que se han perdido los referentes de confianza y los consumidores están confusos”.

Los factores que condicionan lo que comemos son el hedonismo, la oferta alimentaria y el ritmo de vida. En relación a esto, Méndez Díaz manifestó que “esta tendencia aleja al consumidor de los patrones saludables de alimentación”. Tan sólo el 64% de las familias planifica la comida, y muchas de ellas sufren signos de desestructuración en sus rutinas alimentarias. “La carencia de fruta en el desayuno, el descenso de alimentos sanos al mediodía así como las cenas rápidas e informales componen un estilo de vida poco saludable”, señaló.

Además, la información en ocasiones es contradictoria y sesgada. “El consumidor recibe mensajes heterogéneos y en ocasiones contradictorios. Los propios científicos han ofrecido una información no siempre consistente”, declaró.

En lo que se refiere a las medidas sociales que puede llevar a cabo la Administración, el coordinador del estudio, Cristobal Gómez, destacó que “las cuestiones como el etiquetado, los mensajes publicitarios, el uso de determinados ingredientes y elementos añadidos son algunos de los campos en los que se podría intervenir”.

Fuente: Europa Press